Salamón vuelve a latir al paso de la trashumancia

Salamón vuelve a latir al paso de la trashumancia

Salamón vuelve a latir al paso de la trashumancia

La IX Feria de la Trashumancia reunió el pasado 4 de julio a vecinos, visitantes, ganaderos, pastores, música, gastronomía y memoria pastoril en una jornada que convirtió a este pueblo de la Montaña Oriental Leonesa en punto de encuentro para celebrar una forma de vida que sigue muy presente en el territorio.

Hay lugares donde la trashumancia no se recuerda como una estampa antigua, sino como algo que todavía respira. Salamón es uno de ellos. El pasado sábado 4 de julio, el pueblo volvió a llenarse de voces, caminos, música y olor a cordero a la parrilla para celebrar una nueva edición de su Feria de la Trashumancia, una cita que cada año reivindica con más fuerza la cultura pastoril, el valor de los rebaños merinos y la memoria de quienes durante generaciones recorrieron cañadas, puertos y majadas con el ganado. 

La jornada comenzó con una de las imágenes más bonitas del día: la ruta inclusiva por los alrededores de Salamón. Desde primera hora, voluntarios y voluntarias acompañaron a personas con discapacidad en sillas Joelette, demostrando que los caminos también pueden ser espacios de encuentro, participación y acceso compartido al paisaje. Fue una manera emocionante de abrir una feria que no solo mira al pasado, sino que también habla de comunidad, integración y futuro rural. 

El corazón de la mañana estuvo en la Ermita de Nuestra Señora del Roblo, donde la programación combinó conocimiento técnico, memoria y testimonios personales. La charla de CESEFOR sobre predadores y sistemas disuasorios abordó uno de los grandes retos actuales de la ganadería extensiva: la convivencia entre el ganado y la fauna salvaje. En torno a esta conversación se reunieron personas vinculadas al mundo pastoril, la investigación y la defensa de la trashumancia, entre ellas Ernestine Lüdeke, presidenta de la Fundación Monte Mediterráneo, pastores trashumantes y especialistas en ganado merino. 

Después llegó uno de los momentos más humanos de la jornada: la charla moderada por las periodistas leonesas Ana Gaitero y Carmen Tapia, que llenó la ermita con historias de vida, superación y arraigo. Manizha Yaqoobi, Gemma Tagarro, Vanesa de Prado y Borja Ugarte compartieron experiencias que emocionaron al público y recordaron que el mundo rural no es solo paisaje: también es esfuerzo, diversidad, vínculos familiares, proyectos de vida y personas que sostienen cada día la identidad de sus pueblos. 

Mientras tanto, en el exterior, la feria olía ya a celebración. A mediodía, la comida popular reunió a más de 200 personas alrededor de un plato tan sencillo como simbólico: cordero a la parrilla, acompañado de ensalada, pan, vino, café de puchero y bollo de la panadería Tierra de la Reina, de Boca de Huérgano. La organización de la Junta Vecinal volvió a convertir la comida en algo más que una pausa: fue un acto de convivencia, una mesa compartida en la que el pueblo abrió sus puertas a quienes se acercaron a vivir la jornada. 

Por la tarde, la música tomó el relevo. Primero actuó el grupo de la Escuela Municipal de Música de León, con una intervención especialmente aplaudida de Borja Ugarte. Después, el coro de Ruth Marcos cerró la jornada con una actuación vocal que puso el broche final a un día de calor, emoción y memoria compartida. 

La Feria de la Trashumancia de Salamón llega, además, en un año especialmente significativo: 2026 ha sido declarado por Naciones Unidas Año Internacional de los Pastizales y los Pastores, una llamada global a reconocer el valor ambiental, cultural y social de las comunidades pastoriles y de los ecosistemas que cuidan. Según la FAO, los pastizales cubren aproximadamente la mitad de la superficie terrestre y los pastores gestionan al menos una cuarta parte de las tierras del mundo. 

En Salamón, ese mensaje global se entiende a escala humana. Se entiende en la historia de los rebaños merinos que volvieron al pueblo después de décadas de ausencia. Se entiende en el monte desbrozado, abonado y recorrido por los animales. Se entiende en el Museo de la Lana, en la memoria de los pastores, en las conversaciones a la sombra de la ermita y en la implicación de quienes hacen posible la feria año tras año. 

Porque la trashumancia no es solo mover ganado. Es una manera de leer el territorio, de cuidar el paisaje, de transmitir conocimientos y de mantener vivos unos caminos que forman parte de nuestra historia común. No en vano, la trashumancia fue inscrita por la UNESCO en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, reforzando su valor como práctica cultural viva. 

Salamón volvió a demostrarlo este 4 de julio: cuando un pueblo se reúne en torno a sus caminos, sus rebaños, su música y su memoria, la tradición deja de ser pasado y se convierte en futuro.

Salamón no celebró solo una feria. Celebró una forma de pertenecer al territorio.

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